Paseos del Guadiamar

Las pistas amplias, las curvas suaves y el desnivel mínimo.

Carriles de zahorra machacada, dejan suelos finos y uniformes flanqueados por arboledas a lo largo de más de 80 km de recorrido.

La E-Bike baja como todas, y sube ligera, como ninguna. Uno, que también baja como todos, también vuelve ligero, ¡como nunca!

En otoño, se rueda sobre tramos alfombrados de hojarasca. Todo el año, se rueda en compañía del rumor del agua, los cantos de las aves y la sombra entreverada. Siempre sumergidos en el microclima del Guadiamar.

Estas pistas siguen la línea del tiempo de tantos y tantos viajes a lo largo de un cauce inalterado. Un cordón umbilical entre Sierra Morena y Doñana, desde la Edad del Bronce hasta hoy.

Paseos de las Dehesas

Entrar en las dehesas es recorrer senderos y carriles de suelo natural abiertos a la naturaleza.

En la Dehesa de Abajo, carriles de grava y arenas gruesas, como corresponde a una costa brava y próxima al mítico Estrecho de Caura.

La Dehesa Boyal es mundo interior. La Laguna de San Lázaro se esconde tras senderos de arenas medias y amortiguadas, teñidas de grises y azules por la materia orgánica descompuesta, que cae del tupido bosque de Villamanrique de la Condesa.

En la Dehesa de Tornero los caminos son de arena fina y firme, clara y luminosa, propia de las antiguas playas del Golfo Tartésico, sobre las que hoy, 3.000 años después, crecen encinas centenarias.

Las dehesas son los paisajes del bienestar. La E Bike rueda casi sola, y tu solo disfrutas.

Paseos del Bosque

Los bosques de pino de Aznalcázar y La Puebla del Río son un mundo en sí mismo.

Una enorme extensión vacía de gente, repleta de vida, y serpenteada por miles de caminos.

Pistas, carriles, sendas, trochas…. Sobre motas o a ras de suelo. Por amplias rectas o en sinuosos trazados. Mientras más se pasea, más mundos interiores se descubren.

Zahorra compactada en las pistas, arena natural de calibre medio en los carriles, y fina en las trochas. Relieve ondulado. Pendientes planas o en suaves toboganes. Diversión asegurada.

La E MTB se acopla como un guante a estas escapadas, acortando distancias, alargando el tiempo, acortando el esfuerzo, alargando la diversión.

Paseos del Arrozal

Gorra, muda, gafas de sol, loción solar, agua, pan y fruta, si estamos cerca del verano. Y añade un impermeable si es invierno.

Todo es plano y no hay un árbol. Bueno sí, hay un grupito de eucaliptos muy entrado en el arrozal, demasiado lejos para ir sin guía.

El arrozal es un paisaje completamente inventado, pues nada de lo que se puede ver, existía hace menos de un siglo. Ruedas por las antiguas marismas del Guadalquivir. La marisma cuadriculada.

El agua y la tierra están al mismo nivel, y las rodadas se pierden por carriles rectilíneos de zahorra enmarcados en jardines de arroz. Si te gustan las soledades, te acercas al éxtasis.

La E MTB reduce las distancias y da seguridad en este desierto de personas y vergel de aves.

Llegar a la Isla Mayor a través de los primeros arrozales es como pasar por la nada para llegar a algo muy parecido a ella.

Paseos de la Marisma

Realmente, atraviesas carriles que te llevarán por los restos de las antiguas marismas del Guadalquivir. Las marismas abiertas, quedan aún al otro lado de la valla, en el interior del Parque Nacional de Doñana.

No obstante, la valla no significa nada para la fauna salvaje. En muchas ocasiones, el alimento y el refugio, quedan de este lado, por lo que el animal, generalmente un ave, queda aún más cerca.

No obstante, verás crecer las nubes de tormenta.

Podrás sentir como el viento se aproxima y te envuelve.

Podrás oír el silencio roto por la rodada.

Y ver cientos de aves sincronizadas en el aire como un solo cuerpo.